Mbayang, Fatou y Astou son tres amigas senegalesas que migraron desde Senegal hacia la Argentina hace 5 años. Pasan sus días entre el trabajo y la casa. Venden ropa en las calles de los barrios de Flores y Once. Lenta y respetuosamente me voy acercando. Las observo, charlamos, las ayudo con la venta. A veces les saco fotos con el celular. Otras veces no me dejan. Sé que dicen cosas sobre mí en Wolof, pero no entiendo qué. Son pícaras. Me hacen chistes, me preguntan cosas, me regalan sombreros. Algunos días, camino y camino buscándolas, pero no las encuentro. Otros días, las diviso a la distancia, vestidas de muchos colores. Sus gestos y sus miradas sintetizan fuerza y energía. Son las mujeres africanas que dan batalla y buscan un futuro mejor, lejos de casa, lejos de sus familias.
La calle, la forma de trabajo y la persecución policial crean un ritmo citadino caótico, ‘a las corridas’ y urgente. Decidí utilizar el celular como forma de registro fotográfico y audiovisual porque me permite la intimidad con ellas y, al mismo tiempo, molestarlas lo menos posible en su cotidiano.